Publicado a las 16:58h
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¿Cómo explicar el TDAH con un storytelling?
Es la historia de TDAH. Desde pequeña su lugar preferido de la casa era la cocina. De manera natural permanecía quieta con los cambios de pañal en la mesa de formica.
En la adolescencia, los electrodomésticos le ayudaban más que el café a preparar los exámenes. Cuando bebía uno, pasada la una de la madrugada, el sueño la vencía una hora más tarde aunque añadiera Coca-cola.
Le gustaba el vibrante sonido del frigorífico, no por su parecido al de los mosquitos, sino porque ese familiar zumbido se daba al principio del verano, justo cuando comenzaban las vacaciones. La lavadora era su favorito.
El traqueteo la concentraba. Simulaba un avión calentando motores. Lo mejor era cuando llegaba al programa de centrifugado. Entonces el avión despegaba.
Tal vez esa fuera su primera práctica de meditación. Sentada. Quieta. Pies firmes en la horizontal de la Tierra. Espalda recta, muy recta, en vertical ascendente apuntando al Universo Infinito.
Como en esa foto que evidencia sin lugar a dudas las maneras para la postura de loto.
En la cocina, de finales de los 60, fue consciente por primera vez de la frecuencia de ondas alfa y delta en su cerebro mientras miraba con suma atención el hipnótico movimiento del tambor de la lavadora.
Más tarde llegarían el Vipassana y el ZaZen. Fue de las primeras raritas en estas prácticas mientras a la mayoría de la gente les sonaba a chino.